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Los comienzos de la Compañía de las Hijas de la Caridad son sencillos e inesperados, como un fruto de la atención que San Vicente y Santa Luisa prestaron al paso de la Providencia y de su docilidad a la acción del Espíritu Santo.

A nuestras primeras Hermanas se les pudo ver dedicadas a cuidar a los pobres enfermos en sus propios domicilios, por ciudades y aldeas; a medida que van surgiendo las necesidades, pasan a cuidarlos en los hospitales, se hacen cargo de las niñas en las escuelas, de los niños abandonados, de los galeotes, de los soldados heridos, de los refugiados, de los ancianos, de los enfermos mentales...

En 1655, la compañía es aprobada por el Arzobispo de París y en 1668 recibe la aprobación del Papa Clemente IX.

La Compañía se encuentra establecida en diversas culturas y diferentes países a través del mundo.

En México su presencia se divide en dos etapas:

Esta primera etapa la vivieron las Hermanas en un período de la historia de México llena de dificultades en el inicio de su vida independiente como la confrontación con los Estados Unidos, las luchas entre liberales y conservadores, la guerra de reforma, la segunda intervención francesa, etc. Las huellas de su paso nos dicen que no es la difícil situación la que marca el rumbo de su presencia sino la capacidad que ellas mostraron de amar a Dios sirviéndole en los pobres.

Ellas estuvieron “al pie del cañón” de la manera más real que nos podamos imaginar. Gran número de escuelas, hospitales, hospicios, boticas, casas cunas, fueron testigos de sus afanes.

42 casas y 396 hermanas formaban la Provincia de México cuando fueron expulsadas del país en tiempos del presidente Sebastián Lerdo de Tejada.

La súplica al Señor “Qué Dios nos envíe sus bendiciones y con ellas su regreso”, la petición a las Hermanas: “vuelvan tan luego que se las llame” o la pregunta: “¿volverán algún día? Hechas en 1875 tienen su respuesta en 1946 cuando la Compañía, en la persona de 5 Hermanas pisan por segunda vez tierras mexicanas. Muchas entusiastas voluntades de México se empeñaron en esta empresa.
 
La ocasión propicia era el deseo del Dr. Gustavo Baz, Secretario de Salubridad y Asistencia de México, que quería a las Hermanas por el estado deplorable en que se encontraba el Hospital de Incurables de Tepexpan, Edo. de México. Él contó con la incansable colaboración, para la realización de este deseo, de la Sra. María Elena Díaz Lombardo, su esposa, y del Sr. Arzobispo de México, Don Luis María Martínez.

El primer grupo de 5 Hermanas llegó a México el 9 de enero de 1946. Ese mismo día ellas visitan la Basílica para expresarle a Ntra. Sra. De Guadalupe el agradecimiento por la gracia de continuar la labor que se iniciara, por primera vez, en 1844.

Actualmente las 170 Hermanas estamos distribuidas en 22 comunidades en los siguientes campos de apostolado:

    Salud comunitaria
    Dispensarios
    Hogares: de niños enfermos, de ancianos, de enfermos crónicos
    Hospitales: urbanos y rurales
    Educación formal: en escuelas, internados, hogares de niños
    Educación no formal: Educación abierta, promoción de la mujer
    Albergues
    Centros de Rehabilitación, Centros Sociales
    Misión Indígena Campesina
    Servicios provinciales

Queremos convertir en vida nuestro lema: “La Caridad de Jesús crucificado nos apremia”

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Quiénes Somos

La Compañía de las Hijas de la Caridad fue fundada en Francia por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.
San Vicente de Paúl (1581-1660) descubre la miseria material y espiritual de su tiempo y consagra su vida al servicio y a la evangelización de los pobres fundando, para este fin, las Cofradías de la Caridad (1617) y la Congregación de la Misión (1625).

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La capilla en la Solemnidad de Pentecostés
Dibujos de Sor Lidia Medellín 2
Dibujos de Sor Lidia Medellín

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