Sor Giuseppina Nicoli
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En la Iglesia, la vida de Jesús continúa en la de los Santos. Los santos viven en épocas y lugares diferentes, tienen temperamentos diferentes, afrontan sufrimientos diferentes, responden a necesidades diferentes, así concretan lo que significa “Vivir de Jesucristo”. Giuseppina Nicoli hizo esto y nos anima a hacerlo nosotros también.
Giuseppina nació el 18 de noviembre de 1863 en Casatisma, una pequeña ciudad de Italia del Norte. No es difícil conocerla ya que se han conservado 1 473 de sus cartas. Muchos testigos han dejado también relatos de la viva impresión que había producido en ellos. Una de sus superioras escribió sobre ella: “Esta Hermana es un verdadero ejemplo de lo que significa ser Hija de la Caridad”. Cuando murió de tuberculosis el último día de diciembre de 1924, era ya conocida por su santidad y sus obras.

Sor Giuseppina entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad en junio de 1884 habiendo obtenido ya el título de maestra. Llegó a Cagliari, Cerdeña en 1885 donde sirvió como maestra y catequista. En el proceso de beatificación algunas de sus alumnas ofrecieron testimonios conmovedores acerca de su serenidad, constante buen humor, actitud sonriente y acogida a todos por igual.

Un servicio que Sor Giuseppina realizó con gran cariño fue la atención a los “niños que llevaban cestos”. Eran niños de la calle, pobres, sin familia, abandonados o huérfanos, que dormían bajo las puertas o en cuevas cerca de la playa. Sobrevivían llevando mercancías en cestos de un vendedor a otro o del mercado a las casas, participando a veces en robos o engañando a la gente. Sor Giuseppina los acogía con gran respeto, los reunió en una escuela para enseñarles a leer y escribir, instruirlos en la catequesis y repararlos a su primera comunión. En el transcurso de los años Sor Giuseppina organizó muchos grupos de jóvenes pobres.

A partir de los 36 años, con excepción de algunos meses, Sor Giuseppine fue superiora en varias casas. Se le recuerda como una verdadera madre y sierva para las hermanas. Destacaba en ella la docilidad para hacer la voluntad de las demás no por debilidad sino por humildad.

Se podrían describir muchas cualidades de esta mujer extraordinaria pero hay tres en las que fue excepcional:

Su alegría: En ella reinaba una alegría apacible que irradiaba sobre los demás. Se mostraba siempre feliz, contenta, alegre, entusiasmada en su vocación.

Su humildad: Esta fue una de las cualidades que más marcó su entorno. Con el reconocimiento de sus propias limitaciones y debilidades puso toda su confianza en Dios quien a través de ella hizo grandas cosas. Decía a las Hermanas que “una vida espiritual auténtica consiste en un vacío total de sí misma que Dios llena”.

Su atención centrada en el Señor crucificado: Esta devoción la llevaba al sacrificio, la abnegación, la generosidad.

Sor Giuseppina enseñaba a las demás que la caridad “Es la profesión de una Hija de la Caridad” que la hace tan experta que los pobres acuden a ella con confianza. Las obras prodigiosas de Sor Giuseppina, especialmente la enseñanza y atención a los jóvenes, eran el siglo visible del amor de Dios por los pobres. Durante la Primera Guerra Mundial, trabajó enormemente, junto con sus hermanas, para conseguir comida para los hambrientos y junto a sus hermanas acompañó a muchas viudas que sufrían la pérdida de su marido y a los numerosos niños huérfanos.

Encontrarse con Sor Giuseppina era sentir la bondad de Dios y con su beatificación, celebrada el 3 de febrero de 2008 en Cagliari, Cerdeña, Italia, la Iglesia nos anima a ponernos en las manos de Dios para que Él pueda seguir transmitiéndolo a través de cada uno.

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Quiénes Somos

La Compañía de las Hijas de la Caridad fue fundada en Francia por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.
San Vicente de Paúl (1581-1660) descubre la miseria material y espiritual de su tiempo y consagra su vida al servicio y a la evangelización de los pobres fundando, para este fin, las Cofradías de la Caridad (1617) y la Congregación de la Misión (1625).

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Dibujos de Sor Lidia Medellín

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